Pocas veces quizás se dio cuenta de lo que hacía. Una voz le dice que escucha y ve, lo que escucha y ve, pero no ve claramente, y todo aquello (alguien que le saca mordiscos de amor a su corazón le dice) no es ella.
Todo lo que percibe le pesa. Le pesa como si tuviera que adaptarse a un laberinto del mismo tamaño que su cuerpo, con su cuerpo. Nada se puede entender, todo va pasando y estoy llena de ideas que señalan errores.¡como sufro con los errores ajenos!, (como otros sufrieron de los míos), y otra voz que en algún milisegundo de diez palabras atrás dice "¿errores?"
Me trato como humano y eso es una porquería. Sin embargo todo este conjunto de masa y pensamientos y sentimientos me llama toda o casi toda la atención (hacer el relato es ser mas testigo que protagonista). Si veo el desfile de quien soy, es algo absolutamente desarmado. Como un carnaval, donde va carro detrás de carro y cosas en el medio y es todo diferente entre si, o similar.
Si lo veo y lo relato soy el observador, no lo observado.